Apicultura



»"La calidad de nuestra vida está directamente ligada a la salud de nuestro planeta y esta, a su vez, está estrechamente vinculada a la existencia de polinizadores, en especial, las abejas".«

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Las abejas son las principales promotoras de la diversidad de plantas con flor, convirtiéndose así en un pilar de la salud del planeta.

No existe ningún polinizador que tenga tanta influencia sobre nuestros alimentos como la abeja. Más de una tercera parte de lo que comemos depende de este insecto en particular. Además, la abeja es la principal promotora de la diversidad de plantas que florean, convirtiéndose así en un pilar de la salud del planeta. Una colonia activa puede polinizar hasta varios millones de flores en un día. Cuando hay abejas, no hay flor que muera sin haber sido fecundada.

La fecundación es un acto que permite la formación del fruto y la emergencia de la semilla: símbolo de esperanza, potencialidad y futuro. Una abeja puede visitar hasta 3000 flores al día y lo verdaderamente bello de esto es que únicamente visita una sola especie de flor, lo que la convierte en el polinizador perfecto.

En Fundación Valle La Paz hemos trabajado con diferentes tipos de abejas nativas: Scaptotrigona mexicana, Melipona fasciata, Nannotrigona perilampoides, Partamona bilineata y Apis mellifera.

Entre los aspectos que nos interesan se incluyen el estudio de su biología, su salud, su efecto sobre la diversidad y los productos que nos pueden ofrecer para tratar diversas patologías del ser humano.

Las abejas juegan un papel vital en la fertilidad de nuestro jardín medicinal y del bosque que nos rodea. En nuestro laboratorio utilizamos todos sus productos, desde la miel y el própolis hasta la cera, para la elaboración de medicamentos.

Las colmenas reciben un trato especialmente respetuoso y cuidadoso y todo su manejo se lleva a cabo conforme a los lineamentos de la apicultura biodinámica, la cual permite que este organismo se desenvuelva con una intervención mínima por parte del ser humano.

Abejas nativas

Melipona

Melipona fasciata

Dentro de la subfamilia Miliponinae de las abejas sin aguijón, hay una especie, la Melipona fasciata guerreroensis, que puede sobrevivir a alturas de más de 2000 m sobre el nivel del mar. En Rancho la Paz, que está a 2300 m, cuidamos con especial cariño esta especie en peligro de extinción. Dado que esta abeja ancestral es capaz de polinizar la flora de las especies endémicas de los bosques de pino y encino de altura, es vital su conservación y su propagación.

En la elaboración de nuestros extractos medicinales, utilizamos su miel para acelerar ciertos procesos de fermentación con el fin de obtener alcohol para conferirle una mayor estabilidad al extracto. También procesamos el própolis para elaborar diferentes medicamentos y cremas medicinales. Los antepasados la llamaban “miel virgen” y hasta la fecha se utiliza directamente en los ojos para revertir o desacelerar la formación de cataratas.

Nannotrigona perilampoides

Esta pequeña abeja es otro género de la gran familia Apiade que también se adapta a los bosques altos de pino y encino. Esta diminuta trabajadora pecorea flores pequeñas y recolecta própolis muy intensamente. El própolis de este género es especialmente rico en cuanto a la diversidad de resinas que contiene, las cuales permiten a la colmena vivir prácticamente libre de intrusiones patológicas externas (hongos, bacterias y virus). Una pequeña parte de ese própolis fortalece el sistema inmunitario de las abejas, ya que siempre se encuentra mezclado en su miel. En La Paz Pharma valoramos especialmente esta mezcla de resinas, utilizándolas en la elaboración de diferentes remedios.

Jardines medicinales llenos de néctar y diversidad

Para la abeja, la esencia de una flor es fuente de vida y, para la flor, la abeja es una fuente de amor.

En Rancho La Paz cultivamos una gran variedad de plantas medicinales que les brindan néctares de diversas características a las abejas. Al final de su vida, cada planta excreta su esencia en la flor, transmitiendo su propio sello en su néctar. Luego, la abeja recoge este néctar, que no es más que luz materializada en forma de azúcares, y en ambientes ricos en humus, minerales, bacterias, luz, calor y agua, las plantas son capaces de producir un néctar más saludable y nutritivo.

Parte de nuestra tierra de cultivo se siembra con los llamados “acahuales”, que son la vegetación floral variada que surge de manera espontánea alrededor de las tierras de labranza que no contienen herbicidas. En el otoño, una gran variedad de girasoles nutren a las colmenas con un néctar exquisito que se transforma en una de las mieles más ricas del mundo: la miel mexicana.

El néctar transformado en miel es un elixir para la salud humana. Probablemente no exista ninguna sustancia más sana para el ser humano que la miel madura de una colmena fuerte que vive en un ambiente diverso y sin contaminantes.